Gestión del coronavirus: un enfoque estratégico
Con el fin de apoyar a nuestras familias y amigos en este difícil momento, uno de nuestros padres actuales, Laura García Beltránque también es coach y terapeuta estratégica a corto plazo, ha escrito algunos consejos y sugerencias.
Esperamos que esto le ayude en estos momentos difíciles.
Gestión del coronavirus
El coronavirus es una realidad. Es una prueba para todos. Durante estas semanas, nos hemos visto abrumados por las noticias, las recomendaciones de todo tipo de expertos y sobre todo, ordenándonos finalmente que nos quedáramos en casa hasta nuevo aviso. Nunca antes nos habíamos enfrentado a algo similar. Debemos dejar de ver a nuestras familias y amigos, y en su lugar estar en casa 24 horas al día, 7 días a la semana, con nuestros hijos. Detener inmediatamente nuestra vida laboral. Confinarse parece la mejor estrategia para detener la infección masiva y evitar saturar los sistemas sanitarios de nuestros países. Sin embargo, no hay certezas. Esta incertidumbre, que invade el cuerpo y la mente, va acompañada de ciertas sensaciones (físicas y psicológicas) que son totalmente naturales en un contexto como el que estamos viviendo. Sin embargo, esto no significa que no se puedan gestionar. Al contrario, podemos aprender a "cabalgarlas" con paciencia, para que no nos controlen. Para ello, es importante aceptarlos y normalizarlos como parte de esta experiencia.
Algunas de las sensaciones que podemos experimentar durante el encierro pueden ser
irritabilidad, ganas repentinas de llorar, sensación de desesperanza y tristeza, aceleración de los latidos del corazón, asfixia y dificultad para respirar, incapacidad para gestionar la información de los medios de comunicación, falta de concentración, miedo extremo a contagiarnos a nosotros mismos y a nuestras familias, miedo a salir a la calle o sensación de desconexión.
Antes de continuar, es importante subrayar que cada uno de nosotros, como seres humanos, somos únicos. Ninguno de nosotros experimenta las sensaciones de la misma manera que los demás. Nuestro canal sensorial es único para nosotros como individuos. Por esta razón, es imposible darte una receta mágica para lidiar con todas las sensaciones negativas que siente cualquier individuo. La idea es que tomes esta información y la adaptes a ti, a tus rutinas y a tu contexto particular.
Una de las recomendaciones más complicadas de seguir en tiempos difíciles es "ser positivo". Si esto fuera posible entonces ahora mismo no estaríamos en un momento difícil y no estarías leyendo estas líneas. Por este motivo, desde una perspectiva estratégica quiero proponerte un ejercicio que invite a nuestra mente a realizar un viaje alternativo al "tradicional". El objetivo final es que te sientas más positivo, pero sin caer en el voluntarismo del querer, que es precisamente lo que te bloquea para poder hacerlo.
Comencemos.
No podemos suprimir el coronavirus. Nos guste o no, es la realidad. Sin embargo, podemos elegir cómo vivir con él a diario. De este modo, el ejercicio que quiero proponer es una pregunta teórica, que podemos hacernos cada mañana. La pregunta es la siguiente "Si quisiera empeorar (en lugar de mejorar) mi situación actual, de estar todo el día en casa sin poder salir, ¿qué tendría que hacer o dejar de hacer? ¿Cómo tendría que vivir? Cómo tendríamos que pensar o dejar de pensar voluntariamente sobre nuestra situación; hoy en casa debido a la emergencia sanitaria que estamos viviendo.
Obviamente, se trata de una cuestión teórica, que pertenece a una lógica muy antigua que dice que para enderezar algo, primero hay que encontrar todas las formas de torcerlo aún más".
Aquí os dejo una lista que he hecho esta mañana de ejemplos de cómo podría empeorar mi día:
-Leer todo el día las noticias sobre el coronavirus sin comprobar siquiera si proceden de fuentes reales y hablar continuamente de ello.
-Quedarme todo el día en pijama, sentada en el sofá compadeciéndome de mi situación.
-Pretender que mis hijos sean adultos y se comporten/puedan comportarse como yo.
-Pretender que puedo seguir trabajando las mismas horas y al mismo ritmo al que estoy acostumbrado.
-Pretender que puedo mantener la casa perfectamente ordenada y limpia todo el día.
-Desconectarme de las personas que quiero y de las que me hacen reír.
-Intentar ignorar los abrumadores sentimientos de angustia que me invaden a lo largo del día, como si no hubiera pasado nada.
-Llevar a los niños a la cama tarde y sentir que no tengo un tiempo "adulto" antes de irme a dormir.
No podemos cambiar lo que está ocurriendo. Sólo podemos seguir las precauciones que
nos dan los expertos en salud. Sin embargo, podemos elegir cómo vivir nuestra vida en casa. Lo que
que comemos, los movimientos que hacemos y, en general, todas nuestras acciones cotidianas dentro de casa. Además, nos enfrentamos a una emergencia sanitaria mundial. Estamos confinados en casa y la incertidumbre sobre el futuro está impregnada en el aire. Es totalmente natural sentir sensaciones físicas como falta de aliento, corazón acelerado y repentinas ganas de llorar. Cuando los mecanismos del estrés se activan en nuestro cuerpo, nuestra intención casi automática es intentar anular estas reacciones: "intentar no sentirlas". Sin embargo, cuanto más intentamos deshacernos de ellas, más nos invaden y abruman. Evita luchar contra ellas, acéptalas y vive con ellas, esto forma parte de la aceptación de la situación y de lo que está ocurriendo. Si en este proceso de aceptación diaria, sentimos que la intensidad de nuestros sentimientos es tan alta que no podemos controlarlos, lo mejor es pedir ayuda profesional.
En última instancia, estamos todos juntos en esto. Hay cosas que sólo nosotros no podemos controlar, como salir libremente de casa, ni la propagación del virus. Sin embargo, siempre podemos elegir cómo afrontamos nuestro día.
Para terminar, me gustaría contarles una historia de Milena Busquets. Érase una vez en un lugar muy lejano, un poderoso emperador, inteligente y compasivo, decidió un día reunir a todos los sabios del reino, a todos los filósofos, a todos los matemáticos, a todos los científicos y a todos los poetas y dijo: "Quiero una frase corta, que funcione en todas las circunstancias posibles, siempre". Los sabios se reunieron y pasaron meses pensando. Finalmente, volvieron y presentaron su frase al emperador. Le dijeron, tenemos la frase y es la siguiente: "Esto también pasará..."