Un momento Montessori en Ferrer
Hace un par de semanas, durante una sesión de trabajo matutina, tres niños se reunieron alrededor del tablero de ajedrez para resolver una operación de multiplicación extraordinariamente larga. El multiplicando llegaba hasta los cien millones y lo multiplicaban por un multiplicador de cuatro cifras. Lo que comenzó como un ejercicio matemático complejo se convirtió rápidamente en algo mucho más significativo: un momento de colaboración, creatividad y auténtica resolución de problemas al estilo Montessori.
Mientras disponían cuidadosamente el material y resolvían el problema juntos, los niños descubrieron que el tablero de damas no era lo suficientemente grande para la respuesta que estaban calculando. En lugar de rendirse o pedirle a un adulto que les resolviera el problema, se detuvieron, hablaron sobre el reto y dieron con su propia solución.
Juntos, decidieron ampliar el tablero de ajedrez dibujando categorías adicionales en un papel para poder seguir trabajando por su cuenta. Añadieron las seis categorías siguientes, más allá de las que ya tenían disponibles: miles de millones, diez mil millones, cien mil millones, billones, diez billones y cien billones.
Lo que más llamó la atención no fue solo su razonamiento matemático, sino también su confianza y perseverancia. Estaban convencidos de que el trabajo podría continuar si encontraban la manera de seguir adelante. Colaboraron con respeto, compartieron ideas y adaptaron el material para satisfacer las necesidades de su investigación. Trabajaron en ello sin descanso durante más de dos horas.
Verlos trabajar me recordó las propias palabras de María Montessori:
«La mayor señal de éxito para un profesor… es poder decir: “Los niños ahora trabajan como si yo no existiera”» (Montessori, María. El secreto de la infancia).
En ese momento, los adultos se hicieron a un lado mientras los niños se hacían plenamente responsables de su aprendizaje. Su concentración, su independencia y su alegre determinación encarnaban la esencia misma de la pedagogía Montessori.
Este momento reflejaba a la perfección el espíritu Montessori: los niños combinaban la imaginación y el razonamiento, se apoyaban mutuamente y descubrían que los límites a menudo pueden convertirse en una invitación a la creatividad.
Fue un placer verlo.
Paulina y Alexandra

